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jueves, 9 de octubre de 2008

Densidad al cuadrado


Muuuua. Muuua, muuuua. Te amo vidita. No, yo te amo más mi cuchi-cuchi. Pero yo te amo mucho, mucho mucho más. No tanto como yo. Bueno cortemos. Cortá vos. No, vos primero. (segundos) jaja ¡No cortaste! Vos tampoco. Bueno…dale…, los dos al mismo tiempo… Uno, dos, tres…


Me dieron ganas de manotearle el teléfono y cortar de una, tanta densidad. Eran las 9 de la mañana, el 64 estaba a full, yo dormida y gris como el día, y cuchi-cuchi se medía con vidita para saber quién era el amante más eufórico, una competición que a nadie del colectivo le interesaba. No pude sino preguntarme: ¿qué es lo que pasa con las parejas densas? ¿acaso tienen el nivel de glucosa en sangre alterado?¿es necesario tanta melosidad?


Ofuscada, me bajé del colectivo y encaré a la oficina. Tenía reunión, arrancaba a las 10. Durante la reunión por el presupuesto para el año siguiente, el contador recibió al menos 5 llamadas de su novia (que él por supuesto atendió, disculpándose), para saber en qué andaba, a juzgar por la respuesta del contador que era siempre la misma “sigo acá, en la reunión”. En ese momento no supe bien cuál de los dos atravesaba la situación más preocupante: si ella por la fijación telefónica persecutora o él por la culposa obsesión de respuesta. Hasta este punto del día, creí poder soportarlo. Sin embargo, a la noche me tocó el cumpleaños de una amiga, y la peor de las densidades. Una pareja pegote sentada justo frente a mí.


Eran dos boligomas, uno pegado al otro como sopapas, como dos amebas, completando uno la oración del otro. Movida por un arrojo de compasión, les pregunté a Nacho y a Vale hace cuánto se conocían, guardando la secreta esperanza de que me contestaran que hacía poquito tiempo; para concederles una forzada comprensión en el hecho de que al principio de una relación siempre se quiere conocer más del otro, descubrir el misterio que encierra esa atracción.


“Hace 8 años”, me respondieron al unísono, sin interrumpir su besuqueo salivoso. Me fui del cumpleaños, horrorizada. ¿Es que no se enteraron que existe un límite social para la densidad de parejas? Por ejemplo, existe un límite físico y territorial en cuanto a la densidad de población. En el caso de la densidad de parejas pasa lo mismo.


Existe claramente un límite social: el respeto. Así que, parejas densas, están avisadas; sino les va a pasar como en la publicidad de paso de los toros, alguien les va a cortar tanta dulzura.