miércoles 4 de noviembre de 2009

Zulma Lobato, ¿la nueva Su Giménez?


Artista exclusiva de Crónica televisión, la ascendente Zulma se convirtió en la rubia debilidad de los medios. Futura discípula de Susana Giménez ella se quiere consagrar como la próxima rubia diva de los argentinos. Tan importante se volvió esta estrella del vedetismo que logró hasta lo que muchas deseaban… una imitación realizada por Gladys Florimonte y su consecuente derecho a réplica -en un año en el que ser imitado significa ser un referente del jet set- y por supuesto formar parte del backstage de “El musical de tus sueños”.

Cual Luli Zalazar, Wanda Nara o cualquiera de las rubias voluptuosas que muestran sus curvas para fantasía de muchos hombres, Zulma también tuvo su oportunidad: posó para la revista Maxim y entre muchas de sus declaraciones aseguró –mientras jugaba sexy ante las cámaras- que actuó en cine en más de 40 películas, que fue el doble de Tato Bores, y que nadie puede discutir su ¿talento? (Igual si de talento hablamos… todas las rubias que posan en Maxim sólo muestran sus talentos, no lo demuestran…)

El famoso travesti, que desde su nombre artístico rinde homenaje a las que supieron ser vedettes como Zulma Faiad y Nélida Lobato, ya pasó por todas las historias que una persona normal podría imaginar (aunque seguramente nos sorprenda con muchas más): poluló por los programas amarillistas contando de su carrera y los shows que da en boliches de todo el país; nos atormentó los oídos cantando su versión de la archiconocida “resistiré”; salió orgullosa a confesarle al mundo entero que había conseguido novio: una versión de Alcides pero después de la guerra –y como le suele suceder a las grandes divas al poco tiempo se peleó-; como las estrellas más importantes mostró su lado solidario al proponer al aire una subasta por una de sus pelucas, cuyo dinero donaría a la Fundación Favaloro; recibió la donación de una de sus fans en vivo por Crónica: un tapado de piel; ofrece sus shows de canto y baile por internet y aseguró que hasta el Maipo no para… ¡y lo peor es que seguramente llegue!!

Como toda figura mediática, Zulma también se vio envuelta en escándalos: había firmado un contrato con su manager, quien le había otorgado una casa nueva, y al día siguiente confesó públicamente que no pensaba cumplir con esos compromisos.

Además apuesta a la cultura. Esta consagrada intérprete adelantó que también está escribiendo un libro, para envidia de literatos, que se llamará “La razón de mi vida” si bien luego se desdijo por problemas que le podrían acarrear futuras disputas por los derechos de autor y advirtió:“a mí me gusta ese título, la editorial de última puede cambiarlo”.

Pero lejos de conformarse con el ámbito artístico o cultural, Lobato fue por más: la posibilidad de postularse como intendenta de La Matanza. No es cuestión que sólo Nacha, Moria o Cherutti puedan volcarse a la política. Zulma también tiene lo suyo, tiene su plataforma, su ¿propuesta? Desafiando lo imaginable, se pueden ver por internet fotos de “Zulmita”. Lobato había sido contactada por la Agrupación Putos Peronistas (APP) para ofrecerle una postulación al cargo para las elecciones de 2011.

¿No será mucho?¿Demasiado?

Son las doce y pico de la noche. Estoy por terminar de escribir y cansada vuelvo al zapping. Me sorprende Zulma de nuevo en Crónica. Está bailando un intento de danza árabe, con un pollera de terciopelo rojiza y la remera de independiente. Confiesa que el esquema, que está “muy bueno” según la criminal conductora de crónica, lo preparó en media hora. A Zulma la acompañan en el living del programa un imitador de Luis Miguel, un hombre momia, un señor con un caballo, entre otros invitados. ¿Qué país generoso, no?

miércoles 28 de octubre de 2009

Tu chico es un peluche

Eso de que la gente no cambia no creo que sea tan así. Cuando era chica moría por los peluches.

Tenía fascinación por el angeloso. Ahora los odio. En especial, a los que traen anuncios del tipo: I love you o su versión en castellano, sos lo más dulce, feliz aniversario, te amaré por siempre y sus derivados. No puedo entender porqué los hombres son tan originales de regalar esos peluches truchos que capturaron en alguna máquina, para el primer mes de noviazgo. ¿No saben que la primera impresión es fundamental? Ni hablar si para el año o los seis meses te regala el peluche made in Taiwán, que a menos de medio minuto de dártelo ya perdió la nariz… imperdonable.

¿Creerán acaso que tal regalo supone una prueba de su hombría? Porque resulta evidente que constituye un claro acto de boludez, o al menos de tara econocómica y/o deportiva, porque de tanto intentar con la garra ganar el osito gastaron una fortuna de monedas en la máquina, mientras que unos aros, una remera, hasta una cena o entrada a algún espectáculo cuestan mucho menos.

Ahondando en la psique masculina, concluí que quizá guarden la ilusión con este tipo de regalo, de conmover y llegar a esa parte dulce de la mujer, a los tiempos de su niñez, y esperan algún tipo de agradecimiento amoroso, cuando en realidad dejamos de jugar con los osos hace más de dos décadas y hacerse los tiernos con un peluche no les va a garantizar ni un pico.

Otra hipótesis –que creo es la que cuenta con argumentos más sólidos considerando la naturaleza masculina- es que seguramente se hayan olvidado del aniversario, de tu cumpleaños, de que te recibiste o cualquiera sea el motivo del festín. Así las cosas, ya se veía venir que estaba en el horno. Pero los hombres suelen tener esas ideas brillantes, salvadoras, esas ocurrencias que consideran un cuasimilagro cuando al pasar de largo por la ypf, la Shell, la esso o cualquiera de esos paraísos con centro de compras las 24 hs, deciden frenar, retroceder, y comprarnos algo.

Por supuesto, de todo el universo de opciones (chocolates, comestibles, revistas, pilas, etc.) se deciden por lo más original y –según su perspectiva- adecuado para la ocasión: el peluche!
Sí, aunque cueste creerlo, el san peluche.

Ante semejante demostración de afecto, no resulta loco preguntarse… si el que a una la ama es el oso, es él, si en verdad realmente una mantiene un enamoramiento con el oso, con quien te lo regaló… si el oso tiene más probabilidades de serte fiel (que constantemente mantiene como un estandarte entre sus manos el corazón de I love you) o representa una muestra de fidelidad de tu chico.

Perturbada, y claramente molesta a estas alturas, no sabés si revolearle el oso por la cabeza, dárselo a tu perra que atraviesa una etapa de embarazo psicológico para alegrarla un poco o darle un beso grande y un abrazo por haberse “jugado” con el regalo. ¿Y todo por qué? Por un peluche, sí, tanta indecisión por un peluche. Confundida, y al ver la cara de mártir del peluche que ya perdió la nariz y te inspiró lástima, actuás, equivocadamente, y le das un beso y un gran abrazo. Uno de esos abrazos que quitan el aire. Como si fuese el mejor regalo del mundo.

Para qué! Te cavaste tu propia tumba. Ahora tenés una colección de ositos, elefantes, conejos, hipopótamos, toda la fauna de peluche completa, exclamando amor, pasión, extrañamiento, y toda la escala imaginable de sentimientos, invadiendo tu habitación. Como cuando eras chica. Con una diferencia: antes te gustaban ahora los aborrecés.

martes 20 de octubre de 2009

Volvela a ver

Creo fervientemente que el domingo es día de peli. En especial, esos domingos lluviosos de invierno, cuando lo que más disfrutás es ver esas películas que ya sabés de memoria pero las verías un millón de veces más. Sí, de hecho ésta es la número 35 que la vez.

Ya te sabés los diálogos, los gestos, los movimientos, la música que acompaña la trama. Y aún así te morís de risa hasta destartalarte, como la primera vez. O te llorás un mar como la primera vez. O temblás del miedo y chequeás que no se te aparezca nada en la ventana, como la primera vez.

Aunque seguramente no sea igual porque no te genera un efecto sorpresa, y una no es la misma persona, y eso de que un pez nunca se baña dos veces en el mismo río…

Sin embargo, el factor “sin sorpresa” no te impide tirarte en tu sillón favorito –frazada en mano- o en tu cama a mirar por decimoquinta vez la típica comedia romántica, o la hilarante película independiente, el drama más complicado de la historia. Quizá sea la sensación reconfortante de saber en cuál es la parte en que nos vamos a reír hasta quedarnos sin aire, o el anticipo de saber que ya viene, que nos involucramos el triple y la disfrutamos el triple.

En otros casos será la añoranza de recordar con quién vimos esa película de terror; ese abrazo que nos alivió y ese primer beso que nos robaron. Relacionamos esas películas con recuerdos que seguramente disfrutamos, porque sino no estaríamos perdiendo el tiempo de verla de nuevo. Al contrario. En mi caso me da tanta bronca cuando me clavé con alguna peli que fue un plomazo que no hay forma que me detenga a verla por segunda vez ni aunque fuera la mayor obra maestra existente.

También disfrutamos con la peli archivista porque nos convierte en expertas del detalle. Jugamos a prestar atención a los extras, a chequear la continuidad, apreciar los planos, analizar la banda de sonido y hasta encontrarle algún defecto-aunque sea un granito- a la diosa de Uma Thurman, Penélope Cruz o Cameron Díaz, que la protagoniza.

Capaz te enganchás con las viejas pelis nacionales como los bañeros, alguna de olmedo y porcel, películas pochocleras de la preparatoria yanqui, alguna cursi, de amor eterno estilo Titanic, de baile tipo Billy Elliot, la inolvidable Bailarina en la oscuridad, o tantas otras, mientras estás cocinando, escribiendo, atendiendo a tus hijos, charlando con amigas, o estás sola y te hacen compañía y te permiten distraer tu mente de las miles de obligaciones que te acechan.

Lo lindo de volver a ver esas pelis que viste cincuenta mil veces, supongo que no es otra cosa que meterse en los personajes, elegir involucrarte una vez más. Poder apretar el botón de repeat cuantas veces quieras, y revivir esa historia con la que en algún punto te identificás más de lo que podés imaginar y verla de nuevo. Asombrarte con su efecto sin sorpresa una vez más.

martes 6 de octubre de 2009

Opinólogo

Lo de ser periodista, conductor/a, actriz, actor, ya pasó. En la tele el nuevo curro es otro: el de opinólogo.

Si bien parece un concepto ambiguo, se trata de una tarea bien fácil: te sentás en un sillón en un programa de la tele, te tirás el ropero encima procurando siempre terminar en pseudopelotas, y hacés comentarios bien boludos e irritantes sobre algún escándalo en boga. (Cabe señalar que si se trata de un hombre, se recomienda vestir algún traje a lo “División Miami” y si tenés unos cuantos pirulos mostrar un look pendeviejo).

La consigna es decir lo primero que se te viene a la mente con respecto a lo que pasó la noche anterior en “el musical de los sueños”, principal fuente de contenidos, aunque lo ideal es complementar también con los dichos de revistas y otros programas amarillistas. Los temas que se eligen para hablar y sentar una opinión deben cumplir con la premisa de “cuanto más polémico, de interés particular y tonto, mejor”. Y listo ya está, sos opinólogo. Por supuesto que los argumentos jamás tienen que investir gran profundidad, por el contrario. Para eso tenemos los programas serios y aburridos de análisis político, de interés social o cultural, que además tienen claros “defectos” como el de contar una tarea de producción y con invitados con formación especializada en la temática; labor de investigación o creación artística; y el peor de todos, la idea de aumentar el conocimiento o aportar un pensamiento crítico a la audiencia. Pero por “suerte” son los menos…

La tele está llena de opinólogosas de alto voltaje. Otra data a tener en cuenta para convertirte en uno, es que resulta imprescindible no contar con formación académica o cultural alguna, y si la tenés, que no se note. Además, la fuente principal de los comentarios consiste en la “vasta” experiencia personal con la que cuentan los opinólogos. No alcanzaron grandes logros, no tienen trayectoria, no ganaron ningún premio, no desarrollaron capacidad ni habilidad alguna –salvo la de opinar idioteces- ni tampoco son famosos aunque buscan serlo a costa de otros. Para esclarecer: criticar las actitudes, habilidades, vidas ajenas sin tener ni la mitad de la actitud, habilidad que esas personas tienen, y mucho menos, una vida propia porque la premisa es vivir a través de los demás.

Si se analiza con más profundidad, se puede ver que conviven distintos estilos. Los más picantes lo conforman el “estilo grupal”. Se pueden encontrar opinólogos de este tipo en programas como intrusos, infama, animales sueltos y tantos otros… Se basan todo el tiempo en escándalos y supuestas primicias y llenan las tres horas de su programación hablando de las nuevas tetas de las hermanas Algunas les cabe el estilo feminismo, onda mañaneras, un grupo de mujeres criticando y hablando todas a la vez, ya entradas en años, que están siempre ofuscadas fiscalizando la vestimentas o los novios de pseudomodelos o vedettes, porque ellas ya perdieron sus figuras para lucir esas ropas, son solteronas o tienen a su lado ejemplares de Homero Simpson.

Estilo panelista invitado. La condición es haber tenido un minuto de fama previo como puede ser un Jacobo Winograd, un Guido Suller, una Natalia Fassi, como para nombrar algunos casos e ir a uno de los programas chimenteros a exponer su visión sobre escándalos que remotamente tienen que ver con ellos.

Por último, tenemos el nuevo estilo “Amalia Granata”, que se resume en volverse opinóloga permanente de la realidad del mundillo polémico del jet set, lugar que se gana porque tu ex pareja se la pasa cambiando de novia como de medias, saliendo con todas las vedettes del ambiente, lo que te da material para mantenerte opinando por mucho tiempo.

Lo expuesto es sólo una pequeña síntesis de esta nueva labor que conlleva gran sacrificio y preparación. Si tenés una duda vocacional y no sabés cuál camino tomar, qué mejor para enriquecerte y enorgullecer a los tuyos que opinar boludeces en televisión…

miércoles 30 de septiembre de 2009

Dolor de cabeza

Como si fuera domingo. Pienso en comprar los diarios pero me duele la cabeza ante la idea de que voy a leer lo de siempre. Últimamente tengo la sensación de que todas las noticias se tratan de lo mismo: de que nos vamos hundiendo de manera irremediable. Eso, y que Brasil crece cada vez más, y que dentro de poco vamos a ser su colonia. Los números mágicos del indec. La pobreza creciente que el gobierno se niega a ver. La oposición que no arranca. Las industrias mal. El campo también. Las inversiones peor. La inseguridad ni qué hablar. Del presupuesto, cero. Desisto de gastar en el diario, capaz después si me dan ganas leo de internet.

Prendo la tele y lo único que existe en la programación es alguno de sus anuncios. No entiendo porqué tanto lío con el debate por la ley de medios. ¿Por qué se preocupan en generar una ley que vaya en contra de los monopolios si estamos más monotemáticos que nunca? Si no es un anuncio del gobierno, es el debate de la ley de medios. Y la presidenta que tanto se queja de la falta de pluralidad… Y cuando parece van a salir con algo mejor, zás, fútbol gratis, que a estas alturas y como venimos no creo que vaya existir fútbol para el mundial así que vamos a seguir en la misma: más anuncios de la señora presidenta reemplazados de vez en cuando por la discusión de alguna otra ley polémica. La nueva oferta plural que propone. Concluyo que a ella ni le afecta porque, la verdad, se la pasa viajando y puede deleitarse con programación extranjera.

La cabeza me duele aún más. Se me ocurre tomarme algo para calmar el dolor pero la verdad, no sé si me hará efecto porque lo más probable es que sea una aspirina adulterada. Pienso que quizá la solución sea comer algo (se dice que muchas veces duele la panza por la falta de comida) pero mi heladera está vacía. Con los diez pesos que me quedan en el súper no me alcanza ni para comprarme fideos con manteca. Por las dudas me tomo la fiebre, no sea cosa que tenga la gripe A y como ya pasó de moda y desde el poder no le dan más bola, yo que siempre ando atrasada me la haya pescado ahora. O capaz me picó un mosquito con dengue que viajaba desde el chaco. No, por suerte 36 y medio, lo normal.

Debe ser la olita de frío y calor, con los 38 grados y - 6 grados en pleno septiembre. Me canso, decido ponerme como “loca” y prender el ventilador. Me arrepiento en el acto porque después me viene una cuenta de 700 pesos por haber consumido 10 minutos de electricidad. El dolor en mi cabeza se agudiza. Me tomo la aspirina por las dudas, total si me da otros efectos alucinógenos el juez Zaffaroni dijo que podemos tener una masetita en casa. No me pueden hacer nada. En este país, después de pasar por tantos dolores de cabeza soy como el Diego: “desde los 15 años que los vengo peleando, no me van a doblar “. Curiosamente, los dolores de cabeza se me van. Los otros, los dolores que tiene el país siguen y para peor, se reproducen.

martes 8 de septiembre de 2009

Hacete un curso

La competencia es furiosa. En muchos trabajos piden conocimientos de idiomas, informática, management, liderazgo, seminarios, especializaciones, masters, doctorados. Por supuesto, existe una oferta bien variada para cubrir tanta demanda de conocimiento. Pero… ¿ no se les está pasando la mano?¿ curso de pastillaje? ¿cocina macrobiótica?¿curso de ángeles?

Me parece que la gente está muy al pedo, o no quiere volver a su realidad y prefiere poner la excusa de un curso, que siempre queda mejor.

Curso de macramé, de punto a nieve para la cocina, de vitreaux, de reiki. Lo más asombroso resulta la cantidad de alumnos que tienen y el negocio que se armó alrededor de la formación.

Tan sólo en 4 meses, una clase por mes, te recibís de instructor de salsa y mambo, terapeuta de otras vidas, profesor de reiki, facilitador de milagros, maquillador artístico de muñecas barbies, y no sé cuantas otras cosas. Así, estos cursillos de corto plazo abarcan esa masa de gente, debo confesarlo que yo alguna vez fui de esa camada, que se aburre rápidamente de las cosas y que empieza clases de tango y abandona antes del mes porque ya se aburrió. Se aprovechan de esa debilidad, como es la falta de constancia, de perseverancia, y deciden ganarse unos cuantos pesos. Pero esto no es moco de pavo, como podría decirse. Después un inocente cree ir a atenderse con un terapeuta serio y termina en las manos de una Rímolo cualquiera.

Quizá esta obsesión por anotarse en un curso hasta para aprender a atarse con estilo los cordones de las zapatillas, tenga que ver con el mandato social de hacer “cosas copadas”, la reafirmación exacerbada de la individualidad y con la ilusión de que cuantos más cursos y seminarios figuren en tu cv más capacitado está uno para ¿resolver? las vicisitudes que la vida pueda presentar.

Lo más peligroso de esta tiranía de los cursos y seminarios es que se convirtieron en el refugio de solos y solas. Uno cree que va a distenderse de las preguntas incisivas de los familiares de porqué no estás de novia, y termina en las garras de una casamentera disfrazada de profesora de coaching ontológico que en lugar de explicarte sobre el sano liderazgo y preguntarte acerca de tus logros laborales, se la pasa tratando de engancharte con alguno de los solteros sospechosos (por depresivos, psicóticos o de personalidad exageradamente introvertida) que tenés de compañeros.

Pero no es cosa que estos cursos triunfen y maten la verdadera curiosidad. Esa que te hizo preguntarte qué bueno sería conocer más acerca de los mitos griegos, lo libre que se debería sentir una bailaora de flamenco al zapatear con esa fuerza o lo completa que te sentís cada vez que escribís, pintás, actuás, cantás y las ganas de seguir averiguando cuánto más podrías disfrutar. Por eso ahora yo me fijo bien, lo pienso aún mejor, y entonces sí me anoto. No es fácil distinguir lo bueno entre tanta abundancia. Suerte.

martes 1 de septiembre de 2009

Derecho a la información



Dado que vivimos en la sociedad del conocimiento, no entiendo porqué a cierta gente le encanta escatimar información. Quizá sea por una cuestión de poder, como sucede con el gobierno o en el indec, pero en mi caso particular siempre tropiezo con personas que pareciera lo hacen por deporte, porque les falta una horneada o porque simplemente quieren cagarte la existencia.

Resulta difícil tenerles piedad dado que tenés la acertada sospecha de que no es la primera vez que “se olvidan” de decirte lo más importante. Sin ir más lejos, hace unos días un empleado de personal, me llama para pasarme fecha, lugar, hora y condiciones para realizarme el pre-ocupacional. Por supuesto, me indicó los requisitos para la mitad de los análisis y la otra mitad la supuse y basada en mi experiencia previa, me adelanté a las circunstancias en mi favor. ¿Pero qué si no hubiera hecho el ayuno correspondiente y llevado el frasquito?

Obviamente, los peores exponentes son los de la telefonía e internet. Te hostigan a cualquier hora de la madrugada, uno medio dormido accede al servicio supuestamente más conveniente de llamadas a larga distancia gratis, y resulta que después te viene una cuenta más cara que 800 llamadas a Singapur. Querés mandar una carta con ántrax para matar a todos los de telefónica, pero tras el instante de furia recapacitás y te decidís por un llamado. Después de pasear por 50 conmutadores, la colombiana macanuda de telefónica que responde a tu queja, a 50000 km de distancia desde donde la empresa te brinda el servicio, te comenta que la promoción tenía un límite de 4 minutos gratis y después te empezaba a cobrar 8 pesos por pulso, pequeño dato que la limitada vendedora jamás te contó.

Para peor, el servicio de internet que también te brinda el grupo y por el cual te decidiste a comprar después de un arduo estudio comparativo con los competidores, en lugar de banda ancha de 1 mega, como acordaron, te puso la conexión más lenta del mundo. Osaste darlo de baja pero es más fácil encontrar a Yabrán que te desvinculen como cliente. ¿Y todo por qué? Porque no leíste la letrita cuerpo 6, que ni la mujer biónica pudo percibir, que decía al final del contrato que eras su rehén!! Detalle minúsculo que el empleado omitió aclararte cuando firmaste después de haber escuchado su discurso de venta por más de tres horas.

La omisión por ignorancia o estupidez no es la única causa. Es peor aún al que le encanta decirte una cosa por otra. “No hay problema, con fotocopia del dni alcanza no necesitás ningún otro papel ni una boleta pagada de servicio, nada”, afirma la empleada del video club, pero cuando quiero asociarme me faltaba el servicio a mi nombre. ¿Qué necesidad entonces de abrir la boca y dar mal la información? Si no sabe no cante!!!

Creo que el tema de escatimar información tiene mucha importancia porque influye en la valoración del tiempo, de la capacidad resolutiva, de la paciencia del otro. Ahora trato de adelantarme siempre, pero alguna vez caigo de nuevo en su trampa, es imposible preveer todo.

Mi propósito, entonces, es pedirle a aquellos escatimadores natos de información importante que por favor se apiaden un poco de sus víctimas y provean alguna vez la data completa de una y no de a puchitos, para que vivamos realmente en una sociedad del conocimiento.